En el verano de 2024, me dejé llevar por los cielos sobre la escarpada costa del norte gallego. Entre Foz y Muxía se despliega una tierra que el Atlántico esculpe con cada golpe de ola. Desde lo alto, las formaciones rocosas cuentan historias que desde el suelo pasan desapercibidas: un baile de naturaleza salvaje y silenciosa que acelera el corazón.

Paisajes rocosos y olas indomables

Galicia susurra su dramatismo a través de acantilados abruptos y rocas desgarradas, que se mezclan con playas de arena clara y calas escondidas. Visto desde el aire, todo parece un sueño: surrealista, donde la piedra oscura refleja el agua turquesa que brilla en las hendiduras de la costa. Este contraste, áspero y delicado a la vez, atrapa la mirada como si la naturaleza misma posara para la cámara.

Condiciones perfectas para volar

El clima acompañó: cielos limpios de verano y una brisa suave que daba vida al océano sin romper el equilibrio. Al amanecer y al atardecer, el sol bajo bañaba el paisaje con una luz cálida que acariciaba sombras y colores, como si quisiera envolverlo todo en oro. Esos momentos fueron pura magia para cualquier fotografía.

Un espectáculo por encima de las nubes

Vivir el norte de Galicia desde el aire fue como asomarse a otro mundo. La naturaleza intacta, las rocas imponentes y la inmensidad del mar hacen de este rincón un sueño para quienes aman la cámara. Si alguna vez tienes la oportunidad de estar allá arriba y capturar estas perspectivas, no lo dudes: vale la pena absorber cada ola, cada piedra, con todos los sentidos.