Oaxaca – arte urbano, coches clásicos y mole negro

Oaxaca está considerada el corazón cultural e histórico de México, una ciudad donde las tradiciones zapotecas y mixtecas siguen vivas desde hace siglos. En nuestro primer viaje encontré en sus preciosas calles un juego de luz y color, de lo antiguo y lo vivo. Con la cámara en la mano, tras cada esquina esperaba una sorpresa, y con el viejo objetivo salieron fotos que no me esperaba.

Calles llenas de color

Lo que más me gustó fue recorrer las calles con la cámara: callejuelas en amarillo, rojo y turquesa intensos donde la vida y el deterioro conviven. Oaxaca es un centro de artistas en México, desde cocineros que trabajan con chile y chocolate hasta artistas urbanos cuyos murales convierten fachadas grises en explosiones de color. Estos murales impresionantes me entusiasmaron tanto como los edificios antiguos, cuyos colores se apagan y que precisamente por eso son tan bonitos.

Un viaje en el tiempo sobre ruedas

Como contraste con este arte encontré coches clásicos maravillosos: Chevrolet Bel Air y Ford Falcon con óxido y brillo. Ante las paredes de colores, algunas deterioradas, eran un motivo ante el que no podía pasar de largo.

Mole negro, tlayudas y mezcal

Pero Oaxaca es más que imágenes. La comida es una fiesta, desde el mole negro con chocolate oscuro y especias hasta las tlayudas crujientes y especiadas. Lo mejor fue un espresso de granos de café fermentados con un chorrito de mezcal. Ese café lo seguimos tomando en casa, hecho en nuestra vieja cafetera Pavoni, y con cada taza volvemos un poco a Oaxaca.

Un diario en imágenes

Mis días en Oaxaca oscilaban entre el bullicio y la calma. Con cada disparo del viejo objetivo intentaba atrapar algo efímero: el brillo de un mural, la luz sobre un coche clásico, el aroma de un mercado de especias. Para mí, estas fotos son un diario de los colores, los sonidos y los sabores de esta ciudad.

Aquí están: las calles, la comida y el arte que esperan en cada esquina de Oaxaca.